hola marcela como estas kiero saludarte y desirte k me encanta tu casion k se titula digno es el señor soy dscarreada y cuando la escucho verdaderamente k siento a dios
Hola Marcela, soy Carlos Aliaga de Perú.Es gratificante y edificante las musicas que produces. Desde que salió "Pensaba en ti" no paro de escucharlo, es algo que yo sentia cada vez al levantarme y ustedes se tomaron el privilegio de escribirlas y cantarla. Vivo en un lugar muy alejado y gustaria ser partícipe de tus conciertos, para cuando llegues a Perú. Algunos dudan de que si este sitio es tuya o de alguien que se hace pasar por vos. Ahora no le doy importancia porque sea no muchos leeran esto, es esto lo que importa, por que lo digo...se lo explicaré. Cuando se lanzó DCreto, se suponia que era musica cristiana y con fines evangelisticos. No dudo de eso. Con el tiempo, se empzó a escuchar en las radios seculares, luego en las casas y por ultimo en las discotekas o pubs. Similar sucedió con Anette Moreno. Ahora, escucho por las radios seculares y discoteckas el tema "Un viaje largo" bajo la autoria de La Factoria, agrupacion reaggetonera (osea dentro del album) y que yo sepa no con fines evangelisticos. Es por ello mi preocupacion, Marcela, que vos hague algo al respecto, son sus temas y que yo sepa dedicadas al Rey de reyes y Señor de señores.
“¡Jesús salva!” “¡Jesús es nuestro Salvador!” Mensajes como estos aparecen en las paredes de los edificios y lugares públicos de muchos países. Millones de personas creen sinceramente que Jesús es su Salvador. Si se les preguntara: “¿Cómo nos salva Jesús?”, es probable que contestaran: “Jesús murió por nosotros” o “Jesús murió por nuestros pecados”. Es verdad que su muerte hace posible nuestra salvación; pero ¿cómo es posible que la muerte de un hombre pague por los pecados de multitudes? ¿Qué respondería usted si le preguntaran cómo puede salvarnos la muerte de Jesús?
AUNQUE la respuesta bíblica es muy sencilla y clara, está llena de significado. A fin de comprender su importancia, es necesario que primero veamos la vida y muerte de Jesús como la solución a un problema muy difícil. Solo así entenderemos el gran valor de su muerte.
Al proveer a Jesús para que diera su vida, Dios se encargó de la situación que surgió cuando Adán pecó. Aquel hecho fue toda una tragedia. El primer hombre y su esposa, Eva, eran perfectos y habitaban el hermoso jardín de Edén. Dios les encomendó el provechoso trabajo de cuidar de su hogar paradisíaco y de supervisar amorosamente a las demás criaturas vivientes de la Tierra. A medida que los seres humanos fueran multiplicándose y poblando el planeta, extenderían el paraíso hasta los límites de la Tierra (Génesis 1:28). ¡Qué asignación tan deleitable y emocionante recibieron! Además, gozaban de amoroso compañerismo mutuo (Génesis 2:18). No les faltaba nada. Les esperaba una feliz vida sin fin.
¡Cómo pudieron pecar Adán y Eva! Sin embargo, se rebelaron contra su Creador, Jehová Dios. La criatura espiritual Satanás el Diablo se valió de una serpiente para engañar a Eva y hacer que desobedeciera a Jehová. Después, Adán la siguió (Génesis 3:1-6).
No había dudas sobre lo que el Creador haría con ellos dos. Ya había expuesto las consecuencias de la desobediencia al decir: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás” (Génesis 2:16, 17). Había surgido una cuestión de trascendental importancia que exigía una respuesta. La humanidad se encara a una situación difícil
El pecado original creó un problema muy grave para la humanidad. Al principio, Adán era perfecto; por tanto, sus descendientes podrían haber disfrutado de vida eterna en perfección. No obstante, pecó antes de engendrar hijos. El género humano en su totalidad aún estaba en sus lomos cuando recibió la sentencia: “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás” (Génesis 3:19). De modo que cuando Adán pecó y empezó a morir como Dios dijo que ocurriría, se condenó a toda la humanidad a la muerte junto con él.
El apóstol Pablo escribió más tarde con acierto: “Por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado” (Romanos 5:12). En efecto, a causa del pecado original, los hijos que se suponía que nacieran perfectos con la esperanza de vivir para siempre fueron procreados con la perspectiva de enfermar, envejecer y morir.
“Eso no es justo —podría objetar alguien—. Nosotros no escogimos desobedecer a Dios, fue Adán. ¿Por qué deberíamos perder la oportunidad de vivir para siempre en felicidad?” Si cierto padre robara un automóvil y, en vez de a él, un tribunal encarcelara a su hijo, este tendría razón para quejarse, y bien pudiera decir: “¡Esto no es justo! Yo no hice nada malo” (Deuteronomio 24:16).
Adán legó el pecado y la muerte a la humanidad
Al inducir a la primera pareja a pecar, puede que Satanás haya concluido que eso supondría un dilema para Dios. El Diablo atacó muy temprano en la historia del hombre, pues aún no había nacido ningún ser humano. En el momento en que pecó Adán, surgió una importante cuestión: ¿qué haría Jehová respecto a la prole que engendrarían Adán y Eva?
Jehová Dios obró con justicia. “¡Lejos sea del Dios verdadero el obrar inicuamente, y del Todopoderoso el obrar injustamente!”, exclamó el justo Elihú (Job 34:10). Y el profeta Moisés escribió lo siguiente respecto a Jehová: “La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él” (Deuteronomio 32:4). El modo como el Dios verdadero resolvió el problema que causó el pecado de Adán no nos priva de la oportunidad de vivir para siempre en una Tierra paradisíaca.
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